EMMANUEL, DIOS CON NOSOTROS

Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”. Isaías 7:14

Dios. Con. Nosotros. No es que Dios esté cerca, o lejos sino Dios Con Nosotros. Ese es uno de Sus nombres y no es por accidente o coincidencia. El Creador de los cielos y la tierra bajó en forma humana como un bebé: Yeshua, completamente hombre pero al mismo tiempo completamente Dios, ¿por qué? Porque Él es Emmanuel, Dios con nosotros, y llegó a salvarnos de nuestro pecado de la forma en que sólo Él podía hacerlo. Vino como El Camino, La Verdad, y La Vida (Juan 14:6), el cumplimiento de la ley y de los profetas, el sacrificio final, el Cordero sin Mancha. Nació como un bebé para morar en la tierra entre nosotros para así poder morir por nosotros, de esa forma salvarnos de nuestros pecados; y por Su gracia nos dio la oportunidad de vivir con Él por siempre. Emmanuel.

Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, El igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. Porque ciertamente no ayuda a los ángeles, sino que ayuda a la descendencia[c] de Abraham. Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo. Pues por cuanto El mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados.” (Hebreos 2:14-18).

Yeshua es la expresión del amor de Dios por cada uno de nosotros. En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él.” (1 Juan 4:9). Vino a la tierra con este propósito específico: salvarnos y darnos nueva vida (Mateo 1:21). Este es el mejor regalo que pudiésemos recibir.

…Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros.” (Juan 1:14), esta es una maravillosa verdad pero también uno de los obstáculos más grandes de comprender para la mente judía; para poder recibir a Yeshua como su Mesías. Al leer Mateo, Marcos, y Lucas podemos ver las cosas más claras pero al llegar a Juan 1, él nos presenta inmediatamente con un reto, en particular para la mentalidad tradicional judía por el hecho de que Juan relaciona la “Palabra (o Verbo) de Dios” con ‘el hijo del carpintero’. En la literatura rabínica, la frase “Palabra (o Verbo) de Dios” es usada más de 595 veces y aún así, Juan dice que Yeshua es la Palabra (o Verbo) de Dios y que Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Juan 1:2-3), ¿puede ser de verdad que Juan esté proclamando la verdad de Dios que ha sido, en general, pasada por alto?

Cuando compartimos el concepto de Emmanuel por completo, debemos de entender que esta no es una revelación del Nuevo Testamento. Isaías profetizó el hecho de que Dios vendría en carne y sangre a morar entre nosotros. Recuerda los pasajes de la Escritura donde el Ángel del Señor (Yeshua) le apareció a Hagar, Moisés, Jacob, Gedeón y a muchos más (Génesis 16:7-8, Exodo 3:2-6, Jueces 6:11-12). Él siempre se ha manifestado como un Dios que está interesado en los detalles de nuestras vidas y se ha revelado a aquellos a los que Él ha querido revelarse.

A la mente judía tradicional, la idea de que Dios mismo venga a morar entre nosotros y en nosotros es un concepto difícil de entender. ¿Cómo podría Dios, quien mora en el Tabernáculo, morar en el hombre? La idea y comprensión de que el Dios Todopoderoso pueda “achicarse a sí mismo” para “caber dentro del hombre” es, para ellos, algo extremadamente difícil de entender. Pero es por fe que somos salvos (Ephesians 2:8-9) y por medio de nuestra fe en Yeshua como Mesías, es que abrimos nuestros corazones a Él quien lo ha dado todo por nosotros para venir a morar entre nosotros. Los misterios de Dios y nuestra inhabilidad de comprenderlos no deben de ser un obstáculo en nuestra relación con Él. Se ha dicho muy a menudo que si Dios es lo suficientemente pequeño para ser entendido, ¡entonces no sería Dios!  para que vuestra fe no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios(1 Corintios 2:5),

“Jesús respondió, y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada.” (Juan 14:23),

de manera que Cristo more por la fe en vuestros corazones; y que [seáis] arraigados y cimentados en amor.(Efesios 3:17).

No tenemos la necesidad de que nos preocupemos si Dios nos entiende, si puede alcanzarnos, o si tiene idea de lo que nos está pasando. Dios se volvió carne, vivió en la tierra como ser humano, y entiende todas nuestras ansiedades y luchas de hoy, incluyendo nuestras tentaciones, debido a que Él mismo fue despreciado, rechazado (Isaías 53:3-5), y tentado pero Él no pecó (Hebreos 4:15, 2 Corintios 5:21, I Juan 3:5), ¡Esa es la maravilla de Su Divinidad y de Su humanidad! ¡Enteramente hombre pero también, enteramente Dios!

Max Lucado escribió: “Ya que sabes que Él entiende, puedes ir a Él lleno de seguridad. Debido al milagro de Belén, puedes contestar estas preguntas fundamentales: “¿Le importa a Dios si estoy triste? Observa el rostro lleno de lágrimas de Jesús al pie de la tumba de Lázaro, ¿puede Dios darse cuenta cuando tengo miedo? Considera la determinación en los ojos de Jesús mientras marcha a rescatar a Sus amigos de la tormenta, ¿Dios sabe cuando estoy siendo ignorado o rechazado? Encuentra la respuesta en los ojos de Cristo llenos de compasión cuando defiende a la mujer adúltera.” (Debido a Belén, Max Lucado).

Esta época tal vez no sea en realidad el tiempo del nacimiento de Yeshua, sin embargo, nos podemos regocijar y estar agradecidos de que vino a la tierra por nosotros, para morar entre nosotros, y para salvarnos; dándonos la oportunidad de estar con Él por siempre. Demos gracias a Dios por Su regalo que nos ha dado, el más grande regalo de la historia, Emmanuel, Yeshua, porque“… a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.” (Juan 1:12-13), ¿qué más podemos pedir?

Te animo a que en está época recuerdes el verdadero milagro que es Yeshua, y le permitas que te muestre quién es Él en realidad: Emmanuel, Dios Con Nosotros.

Dios los bendiga y los guarde,
Samuel